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PABLO SERRANO

agosto de 2008

De la idea a la escultura
Silvia Abad


En esta exposición se muestra la trayectoria artística de Pablo Serrano, repasando aquellas series más importantes de su producción por las cuales ha llegado a ser uno de los artistas más representativos del arte contemporáneo español.

El recorrido se hace a partir de obras escultóricas de pequeño formato y obra en papel. Aunque es más conocida su faceta escultórica, Serrano realizó gran cantidad de dibujos, unas veces como estudios preparatorios, es decir, bocetos o ensayos previos al proceso escultórico, y otras como series gráficas que complementan sus series escultóricas.

Sus bocetos no están concebidos como obras para exponer o vender, sino que le sirven de ayuda para realizar sus esculturas. Estos dibujos tienen mucho encanto, poseen frescura e ingenuidad.

El dibujo para el escultor es la fuente de todo, ya que a través de él se forma y le sirve para plasmar y desarrollar sus ideas. Los dibujos son una parte fundamental dentro del proceso de realización de esculturas tal y como reconoce Serrano quien trabajó siempre con las manos, dibujando con el lápiz, moldeando el barro, picando piedra o dando golpes con el hierro, con los metales, buscando siempre algún camino, alguna sorpresa.

Tras sus primeros años de formación en España, Serrano viaja al continente americano y se instala en Argentina para posteriormente fijar su residencia en Montevideo, donde vivirá hasta 1935. Durante sus estancia en Uruguay realiza fundamentalmente obras de temática religiosa que poco a poco va abandonando ya que empieza a tener contactos importantes y relaciones que le proporcionan encargos para instituciones públicas y apuesta por una tendencia más abstracta.

Durante los años 40 inicia una serie que continuará posteriormente en España, los toros. En ellos, lo que más llama la atención es la simplicidad de líneas, la pureza de formas en las que se alcanza un esquematismo casi absoluto, dejando las líneas principales para definir las formas de los toros. Los hay de formas más cúbicas y otros de formas más redondeadas.

En 1955, se presentó al II Salón Nacional de Artes Plásticas donde obtuvo el primer premio con su escultura “Salto alto”. Como premio obtuvo una beca para viajar al extranjero y formarse durante dos años. Al finalizar su beca, fija su residencia en Madrid y comienza su carrera artística en España.

Durante los primeros meses de estancia en Madrid, Serrano va a trabajar intensamente y va a asimilar las principales tendencias escultóricas del momento representadas tanto por escultores de reconocido prestigio como Ángel Ferrant y otros más jóvenes que estaban empezando Como Oteiza y Chillida.

Serrano era un artista polifacético, disfrutaba trabajando la materia y plasmaba su filosofía de la vida en sus esculturas y dibujos. Adoptará gran variedad de estilos y tendencias artísticas a lo largo de su trayectoria.

En estos primeros meses de estancia en Madrid, Serrano se une a otros artistas para la creación del Grupo El Paso en el que se encontraban Antonio Saura, Manuel Millares, Rafael Canogar, Luis Feito, Juana Francés, Manuel Rivera, Antonio Suárez, Martín Chirino. El grupo sólo duró dos años, pero significó un punto muy importante e innovador dentro del arte abstracto de aquellos años. Aunque fue breve su permanencia en el grupo, fue muy enriquecedora en cuanto a su formación artística.

Durante estos años. 1956-57, trabaja en la serie Ordenación del Caos, presenta unas esculturas abstractas en las que ordena material de desecho (hierros, clavos, mallas metálicas…) que encuentra o recoge aleatoriamente, según lo que siente en ese momento. La técnica utilizada es el ensamblaje. La influencia de Julio González es importante en estas obras. Estas esculturas son las que presenta en sus exposiciones con el Grupo El Paso.

Un año más tarde trabaja otro tema fundamental como es el espacio vacío, en su serie Quema del objeto. En ella definía la esencia de estas esculturas abstractas como la presencia de una ausencia. Elabora una forma cúbica con materiales inflamables y limita su espacio con hierros que lo definen. Posteriormente quema la escultura. Esta quema física, en la que el fuego somete a los materiales escultóricos, incluye la presencia y la participación de los espectadores que podían quemar la escultura. Los hierros quemados, nos recuerdan la presencia de aquello que ya no existe, estas obras están marcadas por el vacío, por la nada que se ha generado, a partir del fuego en el interior del cubo.

La serie abstracta Ritmos en el espacio la trabajará durante los años 58-59. Son esculturas abstractas a base de gestos, trazos, hechos al azar sin darle formas concretas, para que “bailasen” en el aire. Las hace con varillas de acero inoxidable o hierros oxidados. Son profundo dinamismo, a partir de bocetos caligráficos de formas curvilíneas, en las que se enlaza con lo móviles de Calder al estar pensadas para colgarse desde el techo.
Pero sin duda una de las series más importantes de su trayectoria artística va a ser sus interpretaciones al retrato. Esta serie es una de las más extensas en el tiempo, ya que la empezó a realizar desde su llegada de Uruguay y seguirá durante toda su vida. Se trata de obras figurativas pero en clave expresionista, en las cuales el artista nos muestra sus propias emociones, liberando la vitalidad de la naturaleza por medio de la expresión. Deforma la realidad por medio de formas exageradas, pero sin la finalidad de la caricatura, sino para mostrar la psicología, la esencia del personaje, el alma de cada retratado. Es decir, una vez que dominaba el parecido físico, distorsionaba el rostro con recursos plásticos, resaltando lo más expresivo del personaje.

En este avance de su obra, a partir de los años 60, Serrano empieza a trabajar series relacionadas con el hombre. La primera de ellas es Bóvedas para el hombre. En ella presenta unas formas irregulares, a veces incluso con restos o huellas de ladrillos, queriendo representar esa concavidad donde ampararse el hombre que está expuesto a un mundo sin protección, sin cobijo. El gran éxito de esta serie lo obtuvo Pablo Serrano en 1962, en la XXXI Exposición Bienal Internacional del Arte de Venecia, donde quedó solo a un voto del Gran Premio de Escultura que obtuvo Alberto Giacometti.

Como evolución de sus Bóvedas para el hombre, plantea su Hombres Bóveda (1962-68). Representa dos partes bien diferenciadas: la exterior o capa rugosa que tiene claras referencias al cuerpo humano con muñones para brazos y piernas, no pulimentada y agreste, y la interior, que es un orifico practicado en ese volumen con un tratamiento pulido, del que surge el brillo y la luz del interior. En clara representación, con toda la belleza interior de los hombres.
El último paso en esta evolución, lo plantea en su serie Hombres con Puerta, 1966-67. Donde unos seres amorfos, que poseen fealdad y belleza al mismo tiempo, con una concavidad brillante y pulida, pero en este caso ha colocado una puerta, que se puede abrir y cerrar según la voluntad del espectador, ara mostrar esa belleza interior a los demás.

Este estudio del hombre es el que marca la trayectoria artística de Serrano, evolucionando poco a poco. A partir de este estudio del hombre, va a reflexionar ahora sobre otro aspecto fundamental de las personas que es su poder de comunicación. Así en su serie Unidades-Yunta, 1967-73, presenta unas piezas formadas por dos masas, que encajan perfectamente, la una en la otra y al juntarlas forman una con formas cóncavo-convexas, positivo-negativo. Quiere representar la comunicación como superación de la inseguridad de los hombres, como al final, aunque las ideas sean muy dispares, a través de la comunicación se puede llegar al entendimiento, a la unión. El tratamiento que da a las piezas es pulido al interior (por ahí es por donde se unen), y rugosas al exterior.

A finales de los 70 y principios de los 80, trabaja en la serie Pan partido y compartido, en la que sigue representando el interés por la comunicación. Es una versión realista y prosaica de la serie Yunta, pero también con connotaciones espirituales. Los panes son reflejo del hombre en su necesidad de comunicarse y compartir, el pan de cada día que pasa a ser un elemento de unión.

Paralelamente a estas series, Serrano realiza otras que se han considerado como serie “menores”, quizás un tanto más ligeras en cuanto a ese trasfondo filosófico que acompaña a toda la obra de este escultor aragonés. La primera de estas series es la que él llamó Divertimentos en el Prado (1962-74) en la cual realiza interpretaciones expresionistas de obras de grandes maestros de la pintura española como Velázquez, Goya, El Greco, etc. donde exagera los contornos, las líneas hasta deformarlas y darles mayor expresividad.
La segunda será Fajaditos (1965), en la cual presenta pequeños personajes fajados, maniatados, sin libertad de movimiento y expresión, marginados y oprimidos, humillados, simbolizando la humanidad desgraciada.

Y por último, en la que estaba trabajando unos meses antes de su muerte, Divertimentos con Picasso, el Cubismo y la Guitarra (1984-1985), serie en la que trabaja durante los dos últimos años de su vida. Las realiza en diversos materiales, escayola, hierro, bronce. Reinterpreta algunas obras cubistas de Picasso, centrándose en aquellas en las que aparecen guitarras. El Cubismo “destruye para construir algo nuevo”.

Silvia Abad