Inicio          

Museo Inicio
 
1  2  3  4  5  6  7  8  9  10  11  12  13  14  15  16  17  18  19  20  21  22  23  24  25  26  27  28  29  30  31  32  33  34  35  36  37 

SEMPERE A CONTRACORRIENTE

De julio a octubre de 2009.

Conocí a Eusebio en el transcurso de mis años de infancia, adolescencia y juventud hasta su muerte en 1985. De Eusebio recuerdo sus travesuras hacia nosotros, su afán viajero, su miedo a no tener recursos económicos ante cualquier problema grave de salud, y finalmente sus dudas respecto al destino de sus obras y la trayectoria póstuma que iban a tener. También he ido conociendo a Sempere como artista, muchos años después de su desaparición y por diversas circunstancias empecé a estudiar, recopilar y reunir información sobre su obra. Conociendo a muchos de sus amigos pintores que me hablaron de él y de su época, como ha sido el caso en conversaciones con Canogar, Torner, Antonio Lorenzo, Waldo Balart, Iglesias, Vicente Vela o de galeristas como Antonio Machón, Enrique Gómez Acebo o los Navascués. De todas estas informaciones recopiladas en mi mente, muchas de ellas no transcritas a papel alguno, he ido profundizando en el conocimiento de Sempere y su obra, y a una de las conclusiones que he llegado es que fue en muchos aspectos un artista a contracorriente de su época.

SEMPERE A CONTRACORRIENTE

Sempere en su trayectoria como pintor siempre tuvo dudas, como creo que deben existir en cualquier buen artista. Dudas sobre la validez de su obra, sobre su coherencia, Dudas también en cuanto al cuidado y el devenir de sus obras, por este motivo dejó por escrito que fuese su buen amigo Abel Martín el que cuidase de las mismas, responsabilidad que llevó a cabo hasta su muerte.

Estas mismas dudas son las que le hicieron evolucionar e ir dando pasos, investigando el posible desarrollo de su propia obra, a veces a contracorriente de los gustos y preferencias del momento. Circunstancias que en ocasiones hacen pagar al pintor un precio muy alto.

La obra de Sempere, si de pintura hablamos, lo estamos haciendo de obras que hoy serían denominadas de formato pequeño o mediano, pues a excepción de alguna tabla de dimensiones mayores, el resto no sobrepasan los cien centímetros en su dimensión vertical.

Su coherencia y tesón en su trabajo le hizo renunciar a participar activamente en cuestiones políticas, así podemos citar cuando a principios de los setenta rechazó el carné de militante del Partido Comunista que le ofreció personalmente Santiago Carrillo, al que respondió " la disciplina me la impongo yo en mi trabajo. Allí me encontraréis siempre". No se negó nunca a participar en cualquier causa justa, dando su nombre y ofreciendo alguna obra para sufragar los costes de la misma.

En más de una ocasión se negó a participar como miembro jurado para otorgar algún premio, dado que no quería enfrentarse con todos aquellos que le iban a pedir que fallase a favor de algún amigo o familiar. En cierta ocasión y a este respecto me comentó que un favor así sólo se vería obligado a acceder ante Joan Miró, y si se lo pedía muy encarecidamente.

En cuanto su obra, podemos citar las palabras dichas por dos de sus grandes amigos, el primero Rafael Canogar: " Sempere que durante la pujanza del "informal" supo y tuvo la valentía de mantener su independencia, fiel a otras estéticas y cuya evolución fue como su propia vida, un ejercicio continuo de la honradez". Y el segundo de su amigo conquense Gustavo Torner "Podemos decir de Eusebio, que nunca realizó ninguna obra mala", con esta frase y conociendo la manera de pensar de Torner podemos interpretar que hay artistas que si bien son reconocidos por unas pocas obras esplendidas, también realizaron muchas no dignas de la misma mano, pero que en el afán de la producción y demanda se dejaron llevar por compromisos de mercado y por comodidad.

Creo que aquellos que le conocieron, coincidirán conmigo que en Eusebio se aunaban responsabilidad y honestidad tanto si hablamos de su persona como de su obra.

Javier Badenes