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EDUARDO CHILLIDA TIEMPO, ESPACIO Y MATERIA

junio a octubre de 2011

A Eduardo Chillida no le caían bien los ángulos rectos. Los consideraba unos estirados y aburridos que, además, sólo se relacionaban entre ellos. Sin embargo, los ángulos entre los 88º y 93º, eran sus preferidos. Mantenía con ellos largas conversaciones porque según él mismo manifestaba “son más tolerantes y su uso enriquece el diálogo espacial” (1).

Tal vez esta sea una de las claves de la obra de Chillida, que nos permite aproximarnos a su particular universo estético. Tal vez por ello renunció al puesto de guardameta de la Real Sociedad (aparte de una lesión de rodilla), cansado de aguantar cada partido, que además duraba 90 minutos, a los cuatro ángulos rectos de la portería. Tal vez por ello abandonó sus estudios de arquitectura, harto de soportar la asfixiante tiranía de la proyección ortogonal. Sea lo que fuere, la afición txuri urdin (2) perdió un gran portero, la arquitectura un transgresor y la escultura, en cambio, ganó un átomo libre.

La historia de la obra de Eduardo Chillida es la historia de su relación con los ángulos raros de esa rara franja del círculo: Gastón Bachelard, Martin Heidegger, José Ángel Valente o Jorge Guillén, entre otros (3) . Con cada uno de ellos estableció cómplices conexiones que dieron como fruto la construcción de nuevos espacios cargados de significantes. Su querencia por otro de sus números predilectos: el 3, convirtió su trabajo en tridimensional, incluso en la obra gráfica (4), apoyándose en el trébede que acompañó a toda su producción: tiempo, espacio y materia.

Así lo veía el malogrado crítico de arte Santiago Amón, para quien el elemento que caracteriza a la escultura de Chillida reside en la temporalidad, que definía como:

“la facultad que posee la verdadera escultura (y en general, la verdadera obra de arte) de provocar un acontecimiento a partir de una cierta energía que ella contiene, capaz de desatar ciertas reacciones en el contemplador” (5) .

Una energía que en el caso de Chillida se alimentaba de la poesía, la música, la literatura, la filosofía… del pensamiento, en definitiva, tomando carta de naturaleza en la fisicidad de sus materiales. Chillida transita por varios de ellos, aproximándose, experimentando, rechazando algunos y retomándolos más adelante, hasta configurar su propio lenguaje plástico. La luz de los yesos de sus torsos clásicos iniciales, propia del Mediterráneo, no se correspondía con la luz oscura del Cantábrico y así, volviendo la mirada hacia su Euskadi natal, encontró en el hierro el medio de desplegar su vibrante propuesta estética.

Otros materiales vendrían después. El azar y la necesidad de trabajar con elementos más livianos en sus obras, le lleva a incorporar también la madera. Como él mismo expone:

“…un buen día me di con ella de forma fortuita: contemplando unos troncos que alguien había dejado abandonados en la carretera. Hacía tiempo, ciertamente, que venía meditando en la conveniencia o exigencia de otro material. El encuentro casual con aquellos troncos abandonados fue como la chispa o el estímulo hacia una nueva aventura. Y lo mismo podría decirte en cuanto a la piedra, al hormigón, al alabastro. (6)”

Con un exquisito respeto a las características y la naturaleza de cada uno de los materiales que emplea, Chillida extrae de ellos todo su potencial plástico. El tosco acabado superficial de sus esculturas incorpora a la pieza los procesos de configuración: las marcas del martillo del herrero o del hacha del leñador, añaden un componente musical, latente en la evocación del batir del martillo sobre el yunque o los golpes secos del hacha sobre la madera. El alabastro es para el escultor un medio de atrapar la luz, mientras que con la piedra y el hormigón se acerca a la arquitectura desde una perspectiva espacialista, íntima y trascendente.

La pasión por la música está presente en una buena parte de su obra, una herencia genética, sin duda: su madre, Carmen Juantegui, fue soprano. Una pasión que se materializó en 1997 en un libro de artista de gran formato, con 12 grabados dedicados al genio de Bach, de quien Chillida escribe:

“También J. S. Bach (otra mar) es mi maestro. Me reveló las sutiles relaciones entre el tiempo y el espacio, el poder expansivo del tiempo audible y su relación con el espacio conformador o conformado, positivo o negativo” (7).

Chillida se inspira en ocho piezas de Bach para este homenaje. Entre ellas, Seis conciertos de Brandenburgo, Oratorio de Navidad o El arte de la Fuga. El libro incluye además una reproducción facsímil de las partituras originales, junto a una recopilación de reflexiones sobre el arte, de Bach, Pau Casals, Cioran, Goethe, Leibniz, Platón, Münch, Valéry, Suarés, Yourcenar y el propio Chillida.

Con frecuencia, Chillida plantea su obra como lugar de encuentro con otros creadores, a los que muestra su admiración y reconoce su influencia: es el caso de los místicos San Agustín o San Juan de la Cruz, o los poetas Jorge Guillén y José Ángel Valente(8), de quien ilustrará, en 1996, su única obra escrita en gallego: Cántigas de Alen, un poemario que al igual que la obra de Chillida supone un retorno a las raíces, al idioma materno que se aprende de pequeño, un locus construido a base de recuerdos que constituye, no obstante, el refugio que alberga la esencia indeleble de nuestra identidad.

Junto a las obras de los homenajes a Bach y Valente, la Fundación Museo Salvador Victoria expone en esta muestra una selección de siete collages realizados entre 1953 y 1985; seis lurrak fechadas entre 1991 y 1997; una pieza de acero cortén de 1995: En el límite I y un soberbio alabastro, con cuyo título Chillida se reconcilia con la disciplina que precedió a su definitiva carrera de escultor: Homenaje a la arquitectura II.

Un ecléctico conjunto, en los materiales y las técnicas, que reúne obras del escultor donostiarra fechadas desde 1953 hasta 2000, lo que va a permitir hacernos una idea de su rica trayectoria de casi medio siglo dedicado al arte. Esperamos que quienes visiten esta exposición, disfruten de ella tanto como nosotros lo hemos hecho preparándola.


Diego Arribas






1/ Discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de San
Fernando de Madrid, en 1994.
2/ Azul y blanco en euskera. Los colores de la camiseta de la Real
Sociedad de San Sebastián, que dan nombre a sus seguidores.
Chillida fue portero titular del equipo en la temporada 1942-43.
3/ Gastón Bachelard escribiría Le cosmos du fer, para el catálogo
de la exposición de Chillida en la Galerie Maeght, Paris 1956;
traducido al español en "Chillida. El cosmos del Hierro”, en
Revista de Occidente, nº 3, 1976, Madrid. Con Martin Heidegger
colaboró en la publicación Die Kunst und der Raum (El arte y el
espacio), Introducción y notas de Félix Duque; Pedro Zabaleta.
Pamplona, Universidad Pública de Navarra, Cátedra Jorge
Oteiza, 2003.
4/ Sus grabados y serigrafías van acompañados de gofrados o
marcas con matrices sobre el papel, que añaden a la
estampación el relieve y escalonamiento de planos que le
caracteriza.
5/ Santiago Amón, “Materia, experiencia y acontecimiento natural.
Conversación con Eduardo Chillida”, en Revista de Occidente, nº
3, Madrid, enero de 1976.
6/ Entevista con Santiago Amón ya citada. De la incorporación de
este nuevo material saldrían obras como la serie Abesti Gogora,
realizadas en madera de chopo entre 1960 y 1965.
7/ Eduardo Chillida, Escritos, La Fábrica Editorial, Madrid, 2005.
8/ José Ángel Valente colaboró también editorialmente con otros
artistas, como Antonio Saura (Emblemas, 1978) o Antoni Tàpies
(El péndulo inmóvil, 1982).


Cuando se nos propuso a través de nuestra buena amiga, Marie Claire Decay, la posibilidad de realizar una exposición de Eduardo Chillida en la Fundación Salvador Victoria, nos pareció una idea muy interesante, puesto que en este lugar se respira todavía, aquello que una serie de artistas comprometidos con el camino de la abstracción, realizaron en un tiempo concreto. Eduardo Chillida participó activamente en ese movimiento junto a muchos y grandes amigos, que vuelven a reunirse con ocasión de esta exposición, como tantas otras veces lo hicieron.

Nuestro agradecimiento a todos cuantos han participado, a Marie Claire y a Diego, y a las instituciones que con su soporte han hecho posible esta muestra.

Ignacio Chillida