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LUIS FEITO. EL GESTO EN CONFLICTO

30 Junio a 30 Octubre de 2012

Luis Feito nace en Madrid en 1929 y se forma en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en la que posteriormente fue profesor de dibujo. Su trayectoria artística es inseparable de su relación con el grupo El Paso, que fundó junto con R. Canogar, J. Francés, M. Millares, M. Rivera, A. Saura, P. Serrano y A. Suárez en el año 1957. El Manifiesto original del grupo expone que propugnan un arte recio y profundo, grave y significativo. Desde esta base, la obra de Feito ha ido evolucionando a partir de unas constantes que definen un lenguaje pictórico muy personal.

La obra de Feito nace para ser vivida, para ser sentida, para ser compartida, con unos códigos que avalan la primacía de lo pictórico frente a todo lo demás, que se torna anecdótico frente a la fuerza del gesto que estructura la obra y un cromatismo con fuertes contrastes que acentúan la tensión de la composición.

Una pintura que, en ese conflicto, parece desbordar el marco para expandirse sin límite en la mente del espectador. Unas obras que hablan por sí mismas, sin necesidad de otro tipo de reflexiones. Feito, un Pintor con mayúsculas, siempre ha huido de la necesidad de evocar con palabras aquello que puede ser vivido a través de los sentidos, frente a la Pintura, también con mayúsculas. De este modo las apreciaciones ajenas a sus cuadros y dibujos, son solamente un acercamiento tangencial a una experiencia que debe ser experimentada en primera persona, en un diálogo íntimo con las obras, en una relación que establece un vínculo que trasciende lo puramente racional para deambular por otros caminos abiertos a una mirada interior que configura como retrato del mundo.

Esta exposición presenta un recorrido por sus obras recientes. No se puede olvidar que la dilatada trayectoria artística de Luis Feito es una de las más prolíficas de nuestro entorno artístico. Luis Feito es un artista clave para entender la pintura española desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Su creatividad y procesos plásticos han dado como resultado obras que son testigos de nuestra última historia que, más allá de estar acotadas por una época concreta, han sabido mantenerse en continuo progreso.

Desde sus inicios en la pintura postcubista, en la primera parte de la década de 1950, se adentra en el arte informalista y empieza a fraguar un lenguaje en el que la ausencia de referente se convierte en una constante. Poco a poco su pintura se va cargando de materia, una materia en la que las texturas contrastan con zonas más fluidas dentro del cuadro. Los grandes empastes circulares que organizan las obras establecen también fuertes contrastes a nivel cromático. La estructura de varios niveles de luminosidad combinada con esas texturas casi tridimensionales que fijan los puntos clave, potencian una cierta tensión que se va convertir, así mismo, en otra de sus constantes plásticas. En la década de 1970 su paleta cromática se irá reduciendo para investigar gamas monocromáticas con las que construir espacios pictóricos más geométricos, para, en la década siguiente, despuntar con una serie de cuadros de pinceladas enérgicas, que revelan de nuevo, el juego de la materia sobre el lienzo. La década de 1990, combinará lo experimentado en las dos décadas anteriores y se constituirá, quizá, como su etapa más geometrizante que se romperá en mil pedazos en la serie que ahora se presenta en esta exposición, realizada a finales de la primera década del siglo XXI. Estamos hablando de unas obras que han sido testigos de unos cambios sociales, políticos y económicos de gran envergadura y que siguen, más allá de los acontecimientos, apareciendo vitales con gran fuerza empática ante la mirada del espectador, que siente cómo el conflicto que plantean se traslada al “otro”, a esas contradicciones y tensiones que habitan dentro de muchos de nosotros. En las propias palabras del artista, “siempre hay una dualidad, una tensión, un combate, porque somos pura contradicción. El ser humano es un ser hecho de contradicciones. En mis cuadros, de una manera u otra, a veces hay una tendencia que gana. Siempre existe un conflicto y yo evoluciono con la revelación de este conflicto”1.

Las obras que se exponen en el Museo Fundación Salvador Victoria deben entenderse como parte de ese todo que ha ido conformándose a lo largo de los años, un lenguaje plástico capaz de ofrecer nuevas perspectivas desde la esencia de lo pictórico, que se mantiene inalterable, esa conciencia férrea de que la pintura es el medio y es el fin. En ellas aparece, llevado a límites expresivos de gran interés plástico, el gesto, otra de las constantes del lenguaje de Feito que podría definirse como uno de los imperativos de su pintura. En estas obras, el gesto contiene un automatismo que estructura unas masas informes que se apoyan, en ocasiones, en líneas que fuerzan el dinamismo de las composiciones. Unos gestos que refuerzan la autonomía de la pintura como materia, que hacen explícito su carácter indomable, que “explosiona” en el lienzo mostrando todo su poder cromático, sus miles de matices, la calidad de sus texturas. La gama cromática está restringida al blanco, al negro, al rojo y a los púrpuras que son utilizados para generar unos contrastes que están en consonancia con el dinamismo y la tensión de las composiciones. Es interesante constatar cómo cuando Feito alude a su método de trabajo lo define como “irracional, aunque disciplinado. Pinto por necesidad existencial.

Y me entrego sin condiciones”2. Hace explícito, por otra parte, cómo la técnica utilizada queda justificada por las nuevas exigencias que ha ido encontrando en el proceso. Todas las obras están realizadas con acrílico, aquellas cuyo soporte es el lienzo, hablan, además, a través de sus grandes formatos, capaces de incluir al espectador.

Esta exposición también muestra una serie de pinturas sobre papel, de menores dimensiones, que ponen de manifiesto otro de los aspectos fundamentales para comprender el lenguaje de Feito, un interés por el pensamiento oriental, que toma forma en unas pinceladas que, como explica Mercedes Replinger, se acercan a la idea de la pincelada única de la pintura china tradicional, “que encarna lo único y lo múltiple”3. Habría que incidir en cómo ese interés va más allá de la forma, para imbuirse en el pensamiento, en la esencia, del mismo modo que la pintura en Feito es mucho más que una técnica, es un posicionamiento personal. Podrían entenderse estas pinturas sobre papel como unos recorridos de búsqueda, más intuitivos, quizá, que sus grandes formatos, en los que ese automatismo del gesto ensaya nuevos territorios grafíco-plásticos, más allá del aspecto caligráfico que pueden tener en una primera aproximación.

Sin duda el diálogo que se establece entre las obras de Luis Feito y la colección permanente del museo es altamente sugestivo. La identificación de la obra de Feito con esos círculos matéricos de sus obras de las décadas de 1950, 1960 y parte de 1970 son un elemento inequívoco de su pintura, de la misma forma que tienen un papel fundamental dentro de la obra de Salvador Victoria. Es posible que la forma del círculo quede reducida al gesto más simple, un gesto capaz de ser reproducido sin aristas, en continuo movimiento, sin principio ni fin, y a la vez que sea capaz de contener la mirada, de representar el cosmos.

Queda disfrutar de sus obras, recorrer sus gestos, trascender lo escrito para acercarse a lo real. “Sólo puedo invitar a leer en mis cuadros aquello que queda dicho por la pintura: mis deseos, ideas y posibilidades, mi manera de sentir y pensar con el único lenguaje en que intento conseguir expresarme”4.

Rut Martín Hernández. 2012



Actividad realizada con la ayuda del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte






1 GARCÍA GARCÍA, Isabel. “Descubrir el arte”, nº19, Madrid, Septiembre.

2 PAREDES, Tomas. “Entrevista a Luis Feito”, en Feito, Zaragoza: Caja de Ahorros de la Inmaculada. Sala Luzán, 1997.

3 REPLINGER, Mercedes “Creatividad y silencio”. En Feito. Obra 1952-2002. Madrid: Museo Nacional Reina Sofía, 2002.

4 FEITO, Luis. “Yo no quiero escribir”. En Papeles. Son Armadans. Palma de Mallorca, 1959.