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30 PINTORES DE UNA GENERACI?N IRREPETIBLE

Del 24 de marzo al 30 de junio de 2012

Desde su apertura en 2003, nuestro museo ha apostado por una seña de identidad vinculada a los artistas de la corriente abstracta de la segunda mitad del siglo XX. Con el soporte principal de la obra de Salvador Victoria recogida en la colección permanente, el museo ha programado interesantes exposiciones monográficas de los artistas que compartieron con Salvador ese salto a lo desconocido, iniciado en la década de los 50.
Marcados por el contexto histórico de la dictadura franquista con la que tuvieron que lidiar, sus obras nos hablan de las tensiones entre el férreo corsé del academicismo en el que se formaron y los deseos de romper con las restricciones políticas que limitaban el desarrollo de su trabajo y su pensamiento.

El interés de la obra de los artistas de esta generación, bautizada como “irrepetible”, reside, no obstante, en la diversidad con la que materializaron ese impulso liberador en el ámbito de las artes plásticas. Un objetivo común que persiguieron con lenguajes y registros muy distintos. Creo que esta es una de las claves de la cohesión de este grupo de creadores: la diferencia les unía. En la soledad de sus talleres investigaron con materiales, técnicas y procedimientos inusuales hasta entonces en la práctica artística. Tierras, cartones, marmolinas, arpillera, madera, acetatos y mallas metálicas, se incorporaron como nuevos ingredientes de aquella nouvelle cuisine española, que se había gestado al calor de los fogones del París de los 60, en el que bullían con sana algarabía los últimos ismos y vanguardias europeas, antes de que los gourmets del arte trasladaran sus tenedores a la Gran Manzana neoyorkina.

Después de 23 exposiciones temporales individuales, dedicadas a los más representativos de estos creadores, abordamos en esta nueva muestra una exposición colectiva, con una selección de 30 obras de otros tantos artistas de este selecto club. Las obras pertenecen a la colección de arte contemporáneo “Ars Citerior”, creada en torno a esta generación de artistas unidos por el denominador común de la abstracción. La muestra abarca medio siglo de producción: desde la composición de Vilacasas, fechada en 1957, hasta un collage de Rafael Canogar, datado en 2005. Junto a ellos, una suculenta nómina de artistas, nos acercan a aquel fértil periodo de creación en distintos formatos y propuestas. El rico conjunto resultante nos ayuda a contextualizar la obra de Salvador Victoria, al contemplarla junto a la de sus compañeros a lo largo de medio siglo de actividad plástica.

Una exposición coral, en la que la obra de cada artista queda supeditada a la armonía del conjunto de la muestra como obra colectiva. Una exposición que ha sido posible gracias a la sensibilidad y la pasión por el arte de un coleccionista: Javier Martín, director de la colección Ars Citerior, con quien ya hemos tenido el privilegio de colaborar en otras exposiciones, como la dedicada a Eusebio Sempere, y con quien esperamos poder seguir colaborando. A él, todo nuestro agradecimiento, en nombre de la Fundación Museo Salvador Victoria, por las facilidades dadas para llevar a cabo esta muestra, que marca, sin duda, un importante hito en el capítulo de nuestras exposiciones temporales.

Diego Arribas
Director del Museo Salvador Victoria
Rubielos de Mora, marzo de 2012






En esta exposición pretendemos recordar no solo la cantidad considerable de pintores que pertenecieron a una misma generación del panorama artístico español, sino la calidad de su obra. Me refiero a los artistas que nacieron en la década de los veinte del siglo XX. A ella pertenece nuestro admirado Salvador Victoria, en cuyo museo podemos contemplar esta selección.

En esta muestra están representados un número considerable de los pintores que estuvieron unidos a la denominada estética de Cuenca. Fue un grupo de artistas que bajo una abstracción lírica siguieron al mecenas y pintor Fernando Zóbel, en una aventura que cambiaria el rumbo del arte contemporáneo español. Y además de los componentes del Grupo de Cuenca, un número importante de pintores se unió a esta estética, en lo que el crítico y escritor Alfonso de la Torre ha llegado a denominar como “la poética de Cuenca”. Pertenecientes estrictamente al Grupo de Cuenca contamos en esta exposición con obra de Antonio Lorenzo, Manuel Mompó, Gerardo Rueda, Eusebio Sempere y Gustavo Torner.

De Sempere podemos contemplar la tabla “Y no queráis tocar nuestro umbrales”, inspirada en la Canción nº 18 del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz. En el caso de Torner, se muestra uno de sus paisajes románticos, reflejo de su admiración por el pintor alemán Friedrich.

Integrados en esta poética conquense a la que hacíamos referencia, se encontraban otros artistas, como Amadeo Gabino o el propio Salvador Victoria. La obra que representa a éste último, es un gouache de su etapa denominada de las esferas, en la que supo aunar como nadie gesto y lirismo.

Son varios los integrantes del Grupo El Paso aquí representados: Luis Feito y Rafael Canogar, con un acrílico y un collage respectivamente; las dos obras están realizadas en rojo y negro, colores tan característicos en sus composiciones. Rafael Canogar, a pesar de haber nacido en 1935, formó parte de todas las inquietudes plásticas y sociales de la generación que exponemos. Otros componentes de dicho grupo informalista aquí expuestos son Antonio Suárez, Manuel Viola y Juana Francés, ésta última con una obra de su etapa más lírica.

Unidos a esta tendencia informalista están también presentes las obras de Francisco Farreras y Vicente Vela. Éste último con una composición gestual de primeros de los sesenta, pero con un carácter más lírico que dramático, algo poco frecuente en la pintura que imperaba en esa época caracterizada principalmente por el color negro y el gesto de la llamada veta brava. En “Composición circular”, Vicente Vela requiere de una temática para su composición, y es entonces cuando recurre a la génesis y a las transformaciones biológicas; en ella nos lleva al origen de la formación de la propia materia, y por tanto al origen de la vida. Vela desarrolla y plasma en esta obra, esa masa de magma que nos muestra en movimiento gracias a la fuerza gestual que sabe imprimirle. Del collage de Farreras podemos reseñar que, como en tantas otras ocasiones, vemos su buen hacer, con una composición fuertemente constructivista en la que aúna proporción y contención en el gesto. En los trabajos de este pintor prima el orden como elemento principal del planteamiento estético.

En el ámbito de Cataluña hay un número de artistas pertenecientes a esta década, que rápidamente tuvieron una proyección nacional e internacional. Es el caso de los aquí representados: Albert Ràfols-Casamada, en su vertiente lírica con sus colores azules con referencias al mar Mediterráneo que tanto le influyó; también Joan Joseph Tharrats, Joan Vilacasas, Joan Hernández Pijuan y Joseph Guinovart. Éste último representado por una pieza en la que aparecen elementos naturales tan presentes en sus obras, elementos que son símbolos que forman parte de una poética subjetiva. Y ya en la vertiente de la abstracción geométrica encontramos a Joan Claret, con una de sus construcciones donde la luz nos viene dada por ese contraste de los planos de color azul y blanco, representativos de las obras que realiza en la década de los sesenta.

La década de los veinte da un gran número de artistas que desarrollaran su obra dentro de la corriente de la abstracción geométrica y constructiva. Como Luís Lugan y José Luís Gómez Perales, que participaron a finales de los sesenta en la primera experiencia que acercó el arte a la computadora, en los Seminarios del Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid. O como José María de Labra, que entraría en contacto con el Grupo Parpalló de Valencia, con el que expondría en numerosas ocasiones, y del que contamos en esta exposición con la composición “Hara II”, con formas redondeadas tan características en sus obras de los años setenta, y que junto con la de las series en las que utiliza los cordeles y alambres es la más representativa y conocida de Labra.

El constructivista Luís Caruncho en sus piezas aúna la sensibilidad a la racionalidad constructiva. Su trabajo está basado en elementos modulados que resuelven la composición de la obra. Los colores utilizados integran diferentes texturas y materiales. El papel relevante que Caruncho da a las mismas dentro de sus composiciones, proviene de un profundo estudio de la ordenación del espacio y sus relieves.

Para Julián Casado, cuya obra está basada en la filosofía de Javier Zubiri, la luz es el elemento primordial, una luz que sale desde el interior del lienzo o cartón, la que nos sobrecoge espiritualmente y nos transmite sensación de equilibrio. También un buen amigo de Casado está presente en esta muestra: José María Iglesias, con una de sus conocidas composiciones denominadas “ELDAG”, palabra formada con las iniciales de Elucidación Lúdica De Argumentación Geométrica. Elucidación, así denomina el autor a todo tipo de arte tradicional, constructivo, correcto; un concepto contrario al de dilucidación, que sería el arte de tipo expresionista, donde lo subjetivo domina y aflora de modo poco controlado. En este arte elucidatorio el artista trabaja con pautas marcadas por él mismo. Lúdica, entendiendo este término como juego libre del artista. La Argumentación Geométrica ha sido escogida por entender que es en sistemas geométricos donde pueden darse los modelos mejores de construcciones coherentes.

Otros dos pintores pertenecientes a esta generación, venidos de EEUU y afincados en España desde los sesenta, que se incorporaron a la tendencia geométrica y presentes en esta exposición, son Waldo Balart y Rinaldo Paluzzi. El primero es de origen cubano, y se integró desde los primeros momentos al grupo de artistas españoles que investigaban en el campo del arte normativo. Para Balart esta expresión artística, despojada de todo lo no esencial, es un estado espiritual donde existe una coherencia entre vida y arte.

En cuanto al pintor constructivista norteamericano Paluzzi, llegado a Madrid en los sesenta, y que pronto formaría parte del grupo de artistas de la legendaria galería de Juana Mordó, siempre ha estado interesado en dar a su obra pictórica la ilusión de la tercera dimensión, dando la sensación de que las estructuras pintadas se salen de la propia obra. Lejos de la frialdad, las formas geométricas creadas por este autor proceden de la emoción de las matemáticas.

Por último citaremos la presencia de Eduardo Sanz, con una de sus obras perteneciente a su etapa óptico-cinética. Y la obra del outsider José Vento, fuera de todo posible encasillamiento.

Javier Martín. Conservador de la Colección Ars Citerior.



Actividad realizada con la ayuda del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte