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TERUEL. SENDEROS DE ABSTRACCI?N.

Del 1 de diciembre de 2012 al 31 de marzo de 2013

Diego Arribas
Director del Museo Salvador Victoria


Ellos abrieron el camino. A mediados del siglo pasado, dos jóvenes turolenses, uno de Crivillén, otro de Rubielos de Mora, iniciaban un viaje sin retorno por los intrincados vericuetos del arte contemporáneo.

Atrás dejaban las ataduras del academicismo, las consabidas fórmulas de los manuales de arte, la seguridad de la referencia figurativa… su tierra incluso. La necesidad de explorar nuevos territorios creativos, uno en la escultura, otro en la pintura, y de entrar en contacto con los artistas que abanderaban los movimientos de vanguardia, les llevó a abandonar España en plena juventud, uno a Argentina y Uruguay, otro a Francia, en busca de la formación y las experiencias que dieran respuesta a sus inquietudes.

El contacto con Lucio Fontana o Torres García, en el caso de Pablo Serrano, y con Jean Fautrier o Pierre Soulages, en el de Salvador Victoria, va a suponer para ambos, el acicate necesario para desplegar una intensa actividad creadora, reforzada por la efervescencia del ambiente cultural de Buenos Aires, Montevideo o París, ciudades en las que viven y trabajan durante una buena parte de su juventud.

Cuando ambos regresan a España son, ya, otros. Aquel viaje iniciático ha dado sus frutos: la solidez de ambos artistas queda patente en sus obras. Ambos se integran rápidamente en los círculos más dinámicos del arte contemporáneo de nuestro país, fundando y formando parte de los grupos de artistas que van a protagonizar los capítulos más notables de la renovación plástica española. Pablo Serrano en el grupo El Paso y Salvador Victoria en Ruedo Ibérico, despliegan, junto a una selecta nómina de artistas, una intensa actividad que les va a situar en la vanguardia de la creación contemporánea.

Desde entonces, una incesante inquietud experimental, en el caso de Pablo Serrano y “un compromiso radical con la abstracción”, como define Simón Marchán a la actividad plástica de Salvador Victoria, va a convertirlos en referentes de la vanguardia española de la segunda mitad del siglo XX.

La exposición Teruel. Senderos de abstracción, quiere recordar a estos dos pioneros de la plástica española, que abrieron la puerta a nuevas corrientes de expresión. En ella se reúne la obra de diez artistas turolenses o afincados en Teruel, que han franqueado esa puerta, siguiendo la estela de sus predecesores. Junto a ellos hemos querido incorporar también las obras de estos dos “hermanos mayores” del arte contemporáneo, que marcaron el kilómetro cero de un apasionante camino que, con el tiempo, y la incorporación de artistas más jóvenes, se va bifurcando en nuevos y sugerentes senderos de creación.

Dos de ellos, lamentablemente, ya no están entre nosotros. Su fulgurante trayectoria quedó interrumpida tempranamente, sumiéndonos en el desconcierto agridulce de la desazón por la pérdida del artista y el balsámico consuelo estético de la contemplación de su obra. Enrique Trullenque (Alcañiz, 1951 – 1990), encarna a la perfección aquel espíritu combativo, creativo y emprendedor de Serrano y Victoria. Pintor de trazas expresionistas con ecos de la misma abstracción francesa de los 50 que sedujera a Victoria, la obra de Trullenque se desliza entre el signo, la geometría orgánica y la exaltación del color, imprimiendo a sus telas la misma vitalidad que irradiaba su personalidad. Su papel en la integración del arte contemporáneo en la programación del Museo de Teruel, fue decisiva.

El recuerdo de Gema Noguera (Barcelona, 1965 – Beceite, 2008), a través de una de sus obras más líricas de la Serie Color, nos devuelve la imagen de su sonrisa, y su vitalidad emprendedora, que cristalizó en el proyecto de transformación de la Antigua Fábrica Noguera de Beceite, en un centro de arte para la creación y exhibición de arte contemporáneo. Quienes trabajamos en proyectos de esta índole en el medio rural, sabemos muy bien las dosis de entrega y utopía necesarias para sacarlos adelante. A Gema le sobraban. Todo lo que hagamos por recordar su compromiso con el arte y el territorio turolense será siempre poco.

Gonzalo Tena (Teruel, 1950), tiene tras de sí una larga trayectoria creativa y expositiva que le convierte en el principal artista en activo de la plástica turolense. El carácter introspectivo de su obra nos sorprende en cada nueva exposición, con la búsqueda de nuevos materiales que den soporte a su vibrante lenguaje plástico. Guiado por el gesto y un automatismo cercano a la escritura oriental, la seriación, la repetición y las variaciones, presiden estas últimas piezas inspiradas en la lectura de las obras de Swedenborg.

Fernando Laredo (Tuy, Pontevedra, 1953), rinde en esta exposición un homenaje explícito a Salvador Victoria, realizando una exquisita traducción de dos de sus cuadros al formato escultórico. La luminosidad de las esferas y las veladuras de la pintura de Victoria encuentran su correspondencia en el juego de pliegues, cortes y aperturas del acero de las esculturas de Laredo, dejando patente su domino de la deconstrucción y el lenguaje espacial.

Fernando Novella (Teruel, 1963), continua indagando en las posibilidades estéticas de los materiales encontrados. Avezado observador de estas cualidades en los objetos que le rodean, presenta dos composiciones realizadas con maderas de pallet. Una, un díptico cercano a algunas de las composiciones de Paul Klee, y la otra, más elaborada, generando un espacio dislocado, a base de elementos geométricos meticulosamente desordenados, en uno de los rincones de la sala.

Fabricar objetos de previsible funcionalidad es la tarea que ocupa actualmente a Gabriel Fuertes (Cabra de Mora, 1963), que sigue trabajando con el mismo rigor al que ya nos tiene acostumbrados. Las referencias al repertorio formal de nuestro entorno más próximo, como el mobiliario, máquinas u otros artefactos, están en muchos de los elementos de sus obras, que cristalizan en propuestas constructivas de inquietante apariencia.


Carlos Domingo (San Agustín, 1969), desarrolla en sus obras una notable capacidad de traducción de elementos de la naturaleza a su particular lenguaje plástico, técnicamente impecable, dotándolos de una nueva personalidad, no exenta de cierto hermetismo, que consigue atraparnos en el enigma de sus indescifrables claves.

Gesto, materia y una sugerente espacialidad, presiden la obra de Beatriz Bertolín (Albentosa, 1976), en la que deja patente su dominio compositivo. La fuerza de los relieves y aperturas se atenúa, acertadamente, con la contenida vibración lumínica de la superficie, generando una sensación de sosiego que nos invita a sumergirnos en su contemplación.

Javier Mor (Manzanera, 1988), despliega una mirada ácida y reflexiva sobre la puesta en escena del ceremonial religioso. El atrezzo, los ornamentos litúrgicos y el marco escenográfico en el que se desarrolla, tan cercano al teatro y el mundo del espectáculo, son, para Mor, el mejor soporte para lanzar una mirada crítica, desde la plástica, sobre el boato y la parafernalia religiosa.

Por último, incluimos también en esta muestra un tríptico de la serie Del vacío, del silencio, una de las obras perteneciente a mi trabajo plástico en torno a las minas de Ojos Negros, que no había expuesto hasta ahora en Teruel. El carácter telúrico de estas composiciones remite al potencial estético de este enclave turolense, que continúa con su proceso de transformación hacia un nuevo espacio cultural de nuestra provincia.