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ABEL MART?N. SER?GRAFO.

9 de noviembre de 2013 al 30 de marzo de 2014

Diego Arribas
Director del Museo Salvador Victoria


Abel Martín nació en Mosqueruela (Teruel), en 1931. Empezó trabajando como camionero y acabó siendo una figura clave en la reproducción y difusión del arte contemporáneo en nuestro país. A los 20 años de edad se traslada a París, donde le espera una cita con el arte que cambiará su vida.

Allí conocerá a un paisano suyo, el pintor Salvador Victoria, y a otros jóvenes artistas como Lucio Muñoz, Pablo Palazuelo y Eusebio Sempere, con el que establecerá una estrecha amistad y colaboración profesional. Sempere trabajaba entonces en la Galería Denis René, en la que había conocido al impresor cubano Wifredo Arcay, que realizaba serigrafías para importantes artistas de la corriente geométrica, como Jean Arp, Víctor Vasarely, Mondrian o el arquitecto André Bloc. Sempere acepta la invitación de Arcay para entrar a trabajar en su taller, en el que aprenderá la técnica de la serigrafía, desconocida entonces para los artistas españoles. En 1958 Sempere propone a Arcay que incorpore también como ayudante a Abel Martín, quien desde un primer momento demuestra su interés y una gran habilidad en este nuevo proceso de estampación.

Dos años después, Abel Martín y Sempere regresan a España, instalando un taller de serigrafía en Madrid, desde el que van a introducir esta novedosa técnica en nuestro país.

Uno de sus primeros encargos será, a la vez, una prueba de fuego por su complejidad. Se trata de la estampación del libro Lucio, editado con motivo del Primer Premio de Pintura Neblí, concedido a Lucio Muñoz en 1960. La reproducción de los cuadros del pintor madrileño, realizados en madera, obliga a Abel Martín a poner a prueba todos sus recursos técnicos, incluida la utilización de arenas, para poder reproducir las ricas texturas de las obras del pintor madrileño.

El libro-carpeta, formado por 10 estampas, con una tirada de 1000 ejemplares, tendrá una gran aceptación entre artistas y galeristas, que les traerá aparejado nuevos encargos y proyectos.

Los más importantes serán los procedentes de los artistas que se aglutinan en torno al proyecto del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, como Guerrero, Millares, Mompó, Torner o Rueda, de quien Abel Martín realizará su primera serigrafía: Al horizonte. La difusión que la Fundación Juan March dio a estas obras, junto a la calidad de la impresión, consiguieron que en pocos años la serigrafía se equiparara en nuestro país con el resto de las técnicas de reproducción artística más valoradas hasta entonces.

Muchas galerías ven en esta técnica una manera de llegar a un mayor público interesado por el arte contemporáneo y abren un hueco en su programación a los artistas que trabajan con ella. Es el caso de Rayuela, Theo, Tórculo, De la Mota o Juana Mordó en Madrid, o la Galería 42 en Barcelona. En todas ellas estará presente el trabajo desplegado por Abel Martín para distintos artistas, en especial el realizado para la obra de Eusebio Sempere.

El tándem Martín-Sempere se consolida como un referente de calidad en el ámbito de la obra gráfica de nuestro país. Su taller reunirá a una larga nómina de artistas que buscan en la seriedad y la calidad del oficio de Abel Martín una garantía para sus estampaciones. En sus trabajos, los límites entre obra original y reproducción, o entre arte y oficio, son cada vez más difusos.

No obstante Abel Martín es reacio a considerarse un artista. Su modestia le llevaba a definirse como serígrafo. Punto. Así lo expresaba en una entrevista junto a Eusebio Sempere para la revista Guadalimar:
“…Sé mi oficio. Detrás no hay nada. Si alguien lo dice, no es verdad. ¿Intuición, creación, arte en mi oficio? Me ajusto. Un original, bueno o malo, y ya está todo. La serigrafía es ese original. No puede ser ni mejor ni peor. Es él mismo. Bueno o malo. Nada depende de mí. Lo recibo y lo transcribo. No hay ningún mérito aparte de ese oficio.”
Y remacha: “…donde ellos dicen arte yo digo saber hacer.”

Sempere, sin embargo, le contradice:
“…Sucede que él no se da cuenta. Cree que es así como él lo dice. Que la técnica lo es todo. Y no es verdad. Lo cree porque está todo el día sobre ello. Retirando papeles, poniendo otros, dando color. Pura labor mecánica. Nunca se ha parado a pensar en esa fuerza que hace que yo distinga una serigrafía que tira Abel de otra.”1

Ahora tenemos la oportunidad de extraer nuestras propias conclusiones, a través de las 31 serigrafías estampadas por Abel Martín que forman esta nueva exposición del Museo Salvador Victoria. Una vez más, trasladamos nuestro agradecimiento a Javier Martín, conservador de la colección Ars Citerior de la que proceden todas las obras, por hacerlo posible y por acercarnos a la figura de Abel Martín, el introductor junto a Sempere de la serigrafía en España, en este XX aniversario de su muerte.
¿Arte? ¿Oficio? ¿Intuición? Lo dejamos a vuestra consideración.



1 “Abel Martín: la serigrafía, sólo oficio”. En Guadalimar, nº 17, 10 de noviembre de 1976. Pp. 62-63. Madrid.








Javier Martín
Conservador de la colección Ars Citerior


En el presente año se han cumplido veinte años del fallecimiento de Abel Martín, por lo que hemos querido proponer esta exposición en su recuerdo. Bajo el título “Abel Martín, serígrafo”, pretendemos por un lado poner en valor la obra gráfica por la importancia que ha tenido en la divulgación del arte contemporáneo, y por otro, exponer una serie de serigrafías estampadas por Abel Martín, introductor en España junto a Eusebio Sempere de esta técnica.

En dicha muestra, perteneciente a los fondos de la colección Ars Citerior, podremos observar entre otras una obra del que fuera su maestro, el cubano Wilfredo Arcay, con quien trabajaría en París, aprendiendo todos los secretos de esta técnica nueva en la capital francesa. Una muestra de la buena relación entre maestro y discípulo podemos verla en su dedicatoria: “Al buen amigo y colaborador. Arcay”.

Antes de su vuelta a España, en 1958, conocería a Roberta, la hija de Julio González, quien le encargaría realizar dos serigrafías sobre obras de su padre, que también podemos contemplar en esta muestra. Dicha estampación se produjo con gran meticulosidad, pues Abel repasó a plumilla una a una toda la tirada.

Debido a su relación con el denominado Grupo de Cuenca, estampó por encargo de Fernando Zóbel las primeras carpetas para el Museo de Arte Abstracto de Cuenca entre los años 1963 y 1964. De dicha época podemos ver en esta muestra las realizadas para Antonio Lorenzo y Manolo Millares, perfectas estampaciones de lo que fueron las primeras serigrafías en nuestro país. Trabajaría también con otros artistas de este grupo, como Guerrero, Mompó, Rueda, Torner y Zóbel. También sería el serigrafista de más de las ciento cincuenta obras gráficas del reconocido pintor geométrico Eusebio Sempere.

En cuanto a la producción propia de Martín, duró un breve tiempo que abarca de 1968 a 1972. Destacables son sus obras realizadas durante los seminarios del Centro de Cálculo en la Complutense de Madrid a finales de los sesenta. Durante esta época de plena investigación, Abel utiliza las líneas dibujadas por las computadoras de dicho centro, realizando sus composiciones óptico-cinéticas a partir de familias de curvas matemáticas. Tras esta fecha solo realizó alguna obra suelta, como la que veremos en este homenaje a este artista aragonés: una obra de 1979 que se considera la última original que realizó.