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ARTISTAS VALENCIANOS. HOMENAJE A SALVADOR VICTORIA.

Del 26 de abril al 15 de junio de 2014

Veinte años no son nada

El 27 de junio de 1994, a los 65 años de edad y en plena madurez creativa, fallecía Salvador Victoria en Alcalá de Henares (Madrid). Se cumplen ahora veinte años durante los cuales su obra y su memoria han seguido vivas entre nosotros gracias al tesón de su mujer, Marie Claire Decay y a un nutrido grupo de amigos que trabajan a su lado para que podamos seguir disfrutando del legado de este gran pintor, profesor y amigo. Éste es el principal objetivo de la Fundación Museo Salvador Victoria, para lo cual hemos programado diversas actividades en este 2014.

La primera de ellas tiene que ver con su etapa de formación y primeros años de práctica artística. Salvador estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, en la que conoció a algunos de los artistas con los que compartirá retos e inquietudes de juventud, estableciendo estrechos vínculos vitales y profesionales que les mantendrá unidos desde entonces.

La primera exposición temporal de este 2014, es un homenaje de este grupo de artistas que surgió en Valencia, continuó en algunos casos en París en la década de los años 50 y 60 del pasado siglo y se reúne hoy de nuevo con Salvador en su villa natal de Rubielos de Mora.
Artistas valencianos. Homenaje a Salvador Victoria reúne a 17 artistas de la Comunidad Valenciana, pertenecientes a la generación de Salvador Victoria y a algunos más jóvenes con los que también entabló una estrecha amistad.

Es un homenaje que se extiende también a los artistas que forman esta muestra, algunos de ellos ya desaparecidos. Una generación dorada en la historia del arte contemporáneo de la Comunidad Valenciana, que tuvo que lidiar con no pocas dificultades económicas, sociales y políticas que impregnaron el contenido de su obra. Fue precisamente esa conciencia colectiva la que les llevó a asociarse en grupos de artistas bajo el paraguas de manifiestos que hilvanaban el arte con la situación política y su propósito de contribuir a mejorarla.

El más emblemático -y numeroso- de todos ellos fue el Grupo Parpalló (1956 – 1961), creado en Valencia en torno a la figura del crítico de arte Vicente Aguilera Cerni. El grupo está representado en esta muestra por la pintura de Doro Balaguer, Vicente Castellano, Juan Genovés, Joaquín Michavila, Monjalés y Salvador Soria; la escultura de Andreu Alfaro, Amadeo Gabino y Nassio Bayarri y la arquitectura de Juanjo Estellés.

En la ciudad de Elche surge poco después de la disolución de Parpalló el Grup d’Elx (1965 – 1975), constituido por Joan Castejón, Antoni Coll, Ernesto Contreras, Albert Agulló y Sixto Marco, representado en esta exposición por sendas obras de estos dos últimos artistas.

El Equipo Crónica (1963 – 1981) fue el más longevo de todos ellos, fruto de la asociación de tres artistas: Manolo Valdés, Rafael Solbes y Juan Antonio Toledo, que dejará pronto el grupo. En su estela encontramos también la obra de Rosa Torres, que colaboró estrechamente con el equipo a principio de los 70.

Fuera de estos tres grupos completan esta muestra las obras de dos outsiders: Manuel Hernández Mompó y José Vento, así como la erudita investigación geométrica de José María Yturralde.

Doro Balaguer amigo inseparable de Salvador Victoria desde que compartieron formación, ilusiones y un pequeño estudio en la valenciana Plaza de Tetuán, le acompañó también en los primeros años de su aventura parisina. Después de un largo paréntesis de varias décadas, Doro ha vuelto a la pintura con la misma pasión que le llevó a emigrar a París junto a su hermano artístico turolense. Su obra reciente retoma sorprendentemente la frescura de aquel momento de descubrimientos y ebullición pictórica en la onda informalista.

Vicente Castellano, otro de los compañeros de Salvador en París, fue uno de los artistas que más tiempo permaneció en la capital del Sena (de 1955 a 1977), en aquella diáspora de creadores españoles. Una prolongada ausencia que retrasó el reconocimiento de su obra en su país, compensado con las numerosas exposiciones antológicas que le han dedicado en los últimos años. Partiendo de un cubismo cercano a Braque, las influencias suprematistas en sus composiciones geométricas fueron perfilando su identidad plástica hacia nuevas composiciones matéricas cargadas de luminosidad. Una de sus obras de París, Verseau (1963), ilustra en esta exposición la calidez y el rigor compositivo de su pintura.

La obra de Juan Genovés está indisolublemente ligada a los convulsos periodos del tardofranquismo y la transición democrática. Sus composiciones de grupos de personas manifestándose, reuniéndose o huyendo de la represión policial, constituyen, por sí mismas, el resumen gráfico de una etapa crucial de nuestra historia reciente. Una forma de ilustrar la lucha por las libertades de un pueblo sojuzgado durante casi 40 años por una dictadura de tristes recuerdos. Su célebre obra “El abrazo” se convirtió en cartel y bandera de la reivindicación de la Amnistía. Una obra materializada posteriormente en la escultura instalada en 2003 en la madrileña plaza de Antón Martín, en homenaje a los abogados de Atocha asesinados por la extrema derecha en 1977.

No es fácil encontrar artistas capaces de desarrollar distintos registros con la misma maestría. Joaquín Michavila es uno de ellos. Tanto en sus obras paisajistas iniciales, como en su etapa geométrica, Michavila deja patente el virtuosismo con el que ordena los espacios en sus composiciones. Pintor-constructor de serena factura, es capaz, a su vez, de trasladar ambos géneros a obras expresionistas cargadas de luminosidad y frescura, en las que los grafismos juegan un papel fundamental en la disposición de las masas de color, consiguiendo registros de indudable emoción estética.

Monjalés (José Soler Vidal) es uno de los artistas que se vio forzado a abandonar España (en su caso a Bogotá) como consecuencia de la persecución policial. Era 1968, y el compromiso con sus convicciones políticas no encajaba en una Valencia adocenada en el ámbito artístico y amordazada en lo social. Un exilio al que puso fin el pasado año 2013, después de casi medio siglo de ausencia. Su trayectoria pasó de la figuración paisajista y la pintura social a la abstracción informalista, para desembocar en su actual trabajo, presidido por un marcado carácter ecologista.

Salvador Soria fue uno de los principales renovadores del arte contemporáneo de nuestro país. En sus composiciones pictóricas integra elementos matéricos como madera quemada, hierro y otros metales. En su escultura, que recoge la naturaleza de su espíritu inquieto y renovador, están presentes la geometría, el color y el movimiento, que le confieren el carácter experimental que acompañó siempre la producción de este incansable creador que cultivó también la obra gráfica, como la serigrafía con la que participa en esta exposición.

Andreu Alfaro, el traductor de metales, como le denominaba su amigo el cantautor Raimon, está presente en esta muestra con una de sus obras que nos habla de la elegancia, de la aparente sencillez de sus esculturas y la capacidad de generar espacios con su trazo metálico. Alfaro, gran admirador de Oteiza y de Goethe, fue una figura clave en renovación de la plástica española y de la introducción de la modernidad en el espacio público valenciano y de otras ciudades de nuestro país.

La obra de Amadeo Gabino que se exhibe en esta exposición pertenece a sus últimas esculturas de la Serie 2000, construidas a base de bloques compactos, cerrados, que generan cuerpos que sugieren formas orgánicas en expansión. En ellas, Gabino, uno de los máximos representantes de la escultura geométrica de nuestro país, demuestra su sólida formación artística y su maestría en el tratamiento de los metales, al doblegar un material tan difícil como el acero inoxidable. El volumen se construye a base de movimiento y alas cóncavas o convexas soldadas con una precisión industrial.

Nassio Bayarri cierra el capítulo de escultores de la muestra, con una de sus obras de 1992 El andador cósmico, en la que deja patente su depurada formación técnica. Bayarri, autor de numerosas esculturas en el espacio público de Valencia, desarrolló a partir de los años 60 un programa escultórico partiendo de su manifiesto Teoría del Cosmoísmo, en el que recoge su visión mística del mundo y su propósito de abrir nuevas vías de experimentación en la escultura, alejándose de las normas academicistas.

El planteamiento abierto y transdisciplinar del Grupo Parpalló explica la presencia del arquitecto Juanjo Estellés en su seno, una de las figuras de referencia en la cultura contemporánea valenciana. La idea del grupo era la de integrar el arte en el diseño arquitectónico, a lo que Estellés se suma junto con otros arquitectos y diseñadores. La intensa actividad docente y profesional de Estellés fue decisiva en la configuración de la estética arquitectónica valenciana de los años 60 y 70. Como muestra, incorporamos en esta exposición una de sus construcciones más emblemáticas: el colegio Santo Tomás de Villanueva, un singular ejemplo del racionalismo en la capital valenciana.

Albert Agulló y Sixto Marco, junto a Joan Castejón, Antoni Coll y Ernesto Contreras, constituyeron en 1965 el Grup d’Elx, un grupo de cinco jóvenes que se reveló contra el sometimiento político y cultural de la dictadura de Franco, reivindicando el arte como un instrumento de cambio social al que deberían tener acceso todas las clases sociales. Un empeño que cristalizó en 1980 em la creación del Museu d’Art Contemporani d’Elx. Sus obras rompen con la corriente expresionista al uso, incorporando elementos matéricos, como la madera en el caso de Agulló, o alusiones al surrealismo y una continua búsqueda de la luz en las obras de Marco.

Arte y sociedad fue un binomio indivisible para esta generación de artistas. Sus obras, independientemente del lenguaje plástico y la adscripción estética, se convirtieron en el soporte de un espíritu inconformista y de denuncia de la ausencia de libertades. Un arte militante que en algunos casos se hizo explícito, como en el caso del Equipo Crónica. Sus componentes Rafael Solbes y Manolo Valdés practicaron una figuración pop aderezada con importantes dosis de ironía. Sus obras recogen una acerada crítica a la dictadura, mezclando en sus elaboradas composiciones cuadros de la pintura clásica española con personajes del cómic y otros iconos de la actualidad contemporánea. El Hapenning conde Orgaz, presente en esta muestra, es un claro ejemplo de sus composiciones.

Desde su etapa de colaboración con el Equipo Crónica, Rosa Torres practica una depuración continuada de su lenguaje plástico, prescindiendo de lo superficial y anecdótico en cada nueva obra. Un ejercicio de alambicada destilación, que va acercando los grafismos y las manchas de vivos colores de sus telas, hasta situarlos en un mismo plano de la jerarquía compositiva. El paisaje como excusa, se convierte en los cuadros de Rosa Torres en el escenario en el que se dirime este proceso de síntesis y de interpretación analítica de la naturaleza, que tiene como resultado obras de un fuerte impacto visual.

La luz mediterránea impregna el inconfundible lenguaje de Manuel Hernández Mompó. Un autor que no llegó a pertenecer a ningún grupo ni adscribirse a ningún estilo. Con elementos propios del diseño gráfico y el cartelismo, como la utilización de tipografía y pequeños textos en sus composiciones, Mompó configuró una estética vibrante y luminosa formada por un conjunto de elementos dispersos que confieren a la obra un marcado carácter narrativo y poético. La claridad diáfana de su lenguaje plástico le sitúa en las antípodas de otros pintores tenebristas de su generación, como Saura o Viola.

José Vento, fue un pintor “sin consignas ni servidumbres”, como señala Javier Martín, aunque formó parte de algunos grupos como el Grupo Z o el Grupo Hondo, éste último junto a Juan Genovés. Evolucionando desde una figuración transgresora, Vento fue construyendo su propio lenguaje apoyándose en la vibración lumínica de la superficie de sus telas con alusiones formales y cromáticas a algunas de las composiciones de Paul Klee, hasta configurar una abstracción poética con el color como único protagonista.

La obra de Yturralde, catedrático de Pintura de la Facultad de Bellas Artes de Valencia, ha discurrido entre la investigación y la creación pictórica. Desde sus primeros trabajos con ordenador en el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid, continúa tendiendo puentes entre arte y ciencia, invitándonos a abandonarnos al exquisito juego de sensaciones de la interacción del color, las figuras imposibles y la geometría multidimensional de sus composiciones.

Una exposición colectiva que nos acerca al espíritu creativo y combativo de una generación de artistas sobre cuya obra se cimentaron muchas de las corrientes plásticas actuales. Reunirlos junto a Salvador Victoria en su museo, es el mejor homenaje que podemos rendirle en este XX aniversario de su fallecimiento.

Diego Arribas
Director del Museo Salvador Victoria
Abril de 2014