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DORO BALAGUER. ARTE Y COMPROMISO

Del 5 de julio al 28 de septiembre de 2014

Doro Balaguer. Arte y compromiso

Diego Arribas

 

La trayectoria artística y vital de Doro Balaguer (Valencia, 1931), está íntimamente ligada a la de Salvador Victoria desde su etapa de formación en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia.

Allí se conocieron, en 1947, y desde entonces permanecieron juntos, compartiendo una estrecha amistad y el empeño de abrirse camino en el mundo del arte.

Al término de sus estudios realizaron una corta estancia en Ibiza, donde la arquitectura popular y el mar constituyeron el motivo de inspiración de sus obras. Posteriormente se desplazarán a Madrid, donde residirán cerca de un año, con la intención de conocer y participar en los círculos culturales y artísticos madrileños y comenzar una vida profesional dedicada a la pintura.

Pero la experiencia no fue todo lo satisfactoria que esperaban. Las limitaciones y el férreo control que el régimen franquista ejercía sobre el arte y la cultura, dieron al traste con sus expectativas y decidieron ir a buscarlas a París.

En 1956 se trasladan a la capital del Sena, con el objetivo de conocer las últimas corrientes del arte contemporáneo y dedicarse intensamente a la práctica artística. Compartirán un estudio en la calle Henry Barbusse y compaginarán la pintura con pequeños trabajos remunerados que les permitirán sobrevivir económicamente.

Allí se encontrarán con el apogeo del informalismo y algunas de sus variaciones, como el tachismo, una pintura enérgica y gestual abanderada por autores como Wols, Fautrier o Mathieu. Si bien Salvador Victoria va a seguir decididamente esta corriente, Doro, más analítico, se sentirá más atraído por el expresionismo abstracto americano que por las corrientes informalistas europeas, como el automatismo y el gesto caligráfico, en cuya pintura veía un exceso de retórica que nunca compartió.

 

En mi última etapa de París vi bastantes obras de los expresionistas americanos. En cierta manera significaron para mí un descubrimiento de nuevas posibilidades en la práctica de la pintura abstracta, en la que me había implicado plenamente”1.
Rothko, De Kooning o Pollock, fascinan a Balaguer. Le impresiona la manera desenfadada y espontánea con la que pintaban: “estos no quieren decir nada cuando pintan, y eso me interesa mucho”2, afirma. Pero también se siente atraído por el cromatismo de la pintura de Miró de su última etapa, en especial por las composiciones de las grandes telas que generan una espacialidad de amplios registros líricos.

 

Serán años de una intensa actividad: visitas a museos, galerías de arte, lecturas inaccesibles en España, contactos con otros artistas con los que debaten en plena libertad sobre arte o política… una actividad ésta última que, a la postre, absorberá la atención de Balaguer y a la que dedicará cada vez más tiempo y compromiso.

Una dedicación que condicionará su carrera artística y le reafirmará en la militancia activa en el Partido Comunista, por la recuperación de las libertades democráticas que la dictadura franquista había eliminado.

 

Esa fue, según indica Balaguer, la diferencia con Salvador Victoria: “Él tenía en la cabeza que iba a ser pintor y una determinación clarísima, a mí me dejaba un poco apabullado la manera tan apasionada que tenía de dedicarse a la pintura. De estudiantes todos nos tomábamos las cosas de aquella manera, pero él no, él estaba tan convencido que era un ejemplo no para mí, sino en general. Pintaba de una manera completamente vocacional. Si yo llegué a pintar en todos esos años X metros cuadrados de lienzo, él lo triplicó”3.

 

La amistad entre los dos pintores quedó patente cuando Balaguer aceptó ser el testigo del enlace matrimonial de Salvador Victoria con Marie Claire Decay, en la boda civil que se celebró el 5 de julio de 1958 en el ayuntamiento del distrito 14 de París, correspondiente a la Cité Internationale Universitaire. Un gesto que para Salvador significó mucho.

 

En 1960, en un viaje a Valencia, Doro Balaguer es detenido por la policía por su actividad política. Privado además del pasaporte, su estancia en París se ve interrumpida abruptamente. Allí quedarán suspendidos sus proyectos artísticos y un importante número de obras.

En 1964 abandona definitivamente la pintura para dedicarse al negocio familiar de pasamanería que regenta su padre en Valencia. En esta decisión influyen distintas circunstancias, pero pesa sobre todo la coherencia y la honestidad que caracterizan a Balaguer: las dudas sobre el sentido y la orientación de su pintura.

No será hasta casi cuarenta años después, en 2001, cuando sienta la necesidad de retomar los pinceles y continuar la actividad interrumpida en el mismo punto en el que la dejó. Ya jubilado y después de haber desarrollado una intensa actividad social, cultural y política desde la izquierda nacionalista valenciana, Balaguer retoma su proyecto artístico con la serenidad y la templanza que la sabiduría y la perspectiva del paso del tiempo le confiere. Sus nuevos cuadros se muestran sorprendentemente como una continuidad de aquellos que salieron de sus pinceles en los bulliciosos años de su estancia en París. El esquema compositivo y el repertorio de formas se repiten, pero incorpora colores más alegres, en contra del tenebrismo de los lienzos anteriores.

 

Doro Balaguer, que se autodefine como “un escéptico evolucionando hacia el pesimismo”4, desmitifica el mundo del arte. Ha crecido rodeado de pintura: su padre pintaba, y muchos de sus amigos también, algunos incluso profesionalmente. Las tertulias que su padre mantenía en su tienda del carrer de la Sang, estaban frecuentadas por pintores. Balaguer cuestiona la importancia que se le da a la pintura y al arte en general: “hay otras actividades en el mundo que están al mismo nivel y no reciben la misma admiración”5. Por ello, con la humildad que le caracteriza, insiste en que su motivación ahora también es distinta: “pinto para pasármelo bien, sin más pretensiones”6.

 

Cuando se refiere a su trabajo actual, recuerda de nuevo las dudas como uno de los motivos que le empujaron a dejar la pintura: “siempre he estado seguro de que me gusta pintar, pero no estoy tan seguro de que me guste lo que pinto”7.

Pero ahora que ha vuelto a encontrarse con su actividad creadora, no piensa en volver a abandonarla. Incluso echa en falta un estudio más grande donde poder pintar cuadros de mayor formato en los que su pintura pueda adquirir una mayor potencia visual, un espacio que le permita trabajar en dos o tres cuadros a la vez.

 

Después de cinco o seis años practicando la pintura abstracta hasta 1964, y tras un paréntesis de 40 años, Balaguer retoma la pintura con una dedicación mucho mayor que la que aplicó en su juventud. Una nueva etapa que ha venido acompañada de una intensa actividad y el reconocimiento público a su trayectoria de lucha por conseguir nuevos espacios de libertad: en el 2001 le conceden la Medalla de la Universitat de València; en 2009 publica su libro de memorias L’esquerra agónica. Records i reflexions8; en 2011 la Fundación Chirivella Soriano le dedica una exposición antológica, que bajo el título Doro Balaguer, art, cultura, política, país, constituye todo un homenaje a una vida dedicada a la cultura y el activismo político y, por último, en este 2014, se enlazan dos exposiciones individuales: una en la Galería Rosalía Sender de Valencia y otra, la que tenemos el placer de programar ahora, cuando se cumple el XX aniversario del fallecimiento de su compañero de vivencias artísticas. Una selección de 16 obras fechadas entre 2009 y 2010, que incorpora también un lienzo de 1959 que nos permite apreciar la pervivencia de su discurso plástico de juventud en su actual producción. Una exposición que es también la reunión de las obras de dos amigos, que nos remite al París de 1960, y que podemos disfrutar ahora en este lugar de encuentro que es la Fundación Museo Salvador Victoria.

 

Diego Arribas

Director del Museo Salvador Victoria

 

Texto del catálogo de la exposición “Doro Balaguer. Arte y compromiso”

Fundación Museo Salvador Victoria, del 5 de julio al 28 de septiembre de 2014

1 Pérez, Carlos, ”1956-1960. Artistas españoles en París. Una entrevista con Doro Balaguer”, Kalías. Revista de arte, año VI, número 12, semestre II, 1994.

2 Beltrán, Adolfo, “Doro Balaguer: no le encuentro sentido a la pintura abstracta si no es puramente pictórica”, entrevista en Doro Balaguer. Pintura, política, vida. Catálogo de la exposición en la Fundación Chirivella Soriano, Valencia, 2011, p. 68.

3 Aguilar, Mari Cruz, “Victoria y yo empezamos a ser pintores en París”, entrevista en el Diario de Teruel, Teruel, 19 de mayo de 2014.

4 Muñoz, Manuel, “Doro Balaguer: Les majories democràtiques legitimen lleis i actuacions antidemocràtiques”, en el diario Levante, Valencia, 15 de marzo de 2001.

5 Pérez i Moragón, Francesc, “Doro Balaguer: ‘Si no pinto no pasa nada. Si pinto, tampoco’”, en El País “Quadern”, València, 7 de mayo de 2009.

6 Ibídem.

7 Balaguer, Doro, “La libertad, el placer de pintar”, en Doro Balaguer. Pintura, política, vida. Catálogo de la exposición en la Fundación Chirivella Soriano, Valencia, 2011, p. 297.

8 Balaguer, Doro (2009) L’esquerra agónica. Records i reflexions, Ed. Afers, Valencia.