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ELENA COLMEIRO

marzo/junio de 2005

Elena Colmeiro se ha lanzado bravamente a manejar el barro con un puro sentido plástico...Hay en estas formas algo de ola viva, de viento circular y hasta de gran amanecer..Parece que esas curvadas superficies podrían continuarse alrededor de ese hueco que no es vacío, sino que forma como el cuerpo lírico de esos grandes ritmos en dinámico despliegue espiriliforme. La arcilla, por fin, se ha liberado de ser utillaje casero para tener por sí misma personalidad escultórica

José Camón Aznar


Ya muy tempranamente este celebrado crítico aragonés resaltaba esa nueva cualidad del barro a la que encumbraba Elena Colmeiro. El proceso artesanal cerámico -arte secundario útil y/o decorativo-, ha podido soltar ese lastre milenario que le acompañaba, sólo cuando cambia su condición en el siglo XX a través de artistas de vanguardia (Picasso, Miró, etc), que lo consideran y utilizan como un medio o elemento más para renovar el lenguaje plástico de la escultura. A buen seguro, mucho tuvo que ver la proclama de Adolf Loos La ornamentación es delito para que la investigación artística se centrara en una búsqueda de la estructura y de la pureza de la línea, el plano y el color.

Si bien es cierto que en el caso de los ceramistas españoles, ciertos atavismos han estado siempre presentes en algunos de ellos -Antoni Cumella y hasta en el mismo Lloréns Artigas- como es la incorporación de la cerámica a la arquitectura, el caso de Elena Colmeiro ha sido quizás más evidente para entender esa ruptura con ese concepto tradicional al que me refería antes.

Nuestra artista aporta desde hace muchos años un aire de regeneración estética para la escultura contemporánea. Una obra que no pierde impulso y es que Elena Colmeiro abrió las puertas a una hibridación que aún hoy está presente en la escultura, siendo seguramente la escultura la disciplina artística que más cambios experimenta hoy.

Estos trabajos están llenos de una vitalidad, vigencia y fuerza que califico de sobrecogedora y de inmediato me viene a la mente la escultora francesa Louise Bourgeois, en mi opinión la mejor que ha existido desde hace décadas. Pese a la casi centenaria edad de aquella, ambas comparten esa fascinante transgresión de la escultura a través del empleo de diversos materiales, realizando con ellos construcciones con una originalidad y habilidad sin precedentes, creando una obra llena de juventud.

Con Colmeiro, estamos ante una figura histórica, una de las más interesantes artífices de la renovación escultórica de la escultura española de los 60. Su obra se inscribe en la abstracción, en ocasiones evocando formas de la naturaleza. Por esa investigación de las calidades, texturas y cromatismos a través del proceso refractario del barro, sus desarrollos de volumen y todo el proceso de manipulación y transformación de los materiales que incorpora,
resulta una obra en la que toda la dureza de lo "industrial" deviene en algo flexible y pictórico. Hay una clara imbricación entre la ocupación del espacio y la forma y el color, un deseo de referencia y de equilibrio, donde el rigor se transforma en efectos de compensación.

Para concluir, Elena Colmeiro logra un estado de perfección donde no es casual la presencia del círculo o esfera para nuestra acomodación visual, que precisamente en este Museo y con las obras que alberga resaltan aún más la connotación que esta forma geométrica lleva implícita de pureza y eternidad.


Jesús Cámara, Madrid, marzo de 2005