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Vibración lumínica en la pintura de Salvador Victoria

Francisco CALVO SERRALLER

Desde fines de los cincuenta, cuando realizaba una pintura abstracta de acentos expresionistas. Salvador Victoria ha continuado empeñado en un experimentación formal no exenta de los peculiares matices de su sensibilidad pictoricista. Quiero decir que su evolución hacia formas geométricas no le ha hecho renunciar a ciertos efectos sensuales, a la calidad de la materia pictórica: la corporeidad de las formas, la densidad del color, la vibración lumínica. Ya hace unos cuantos años, V. Aguilera Cerni, al referirse a sus cuadros de 1959, señalaba, “siempre dentro de una indecisión formal, tendencias hacia la polarización y el contraste”, cuya culminación se produciría en el encuentro de formas puras. En los años setenta llega, con sus cartulinas en relieve tituladas genéricamente Superposiciones, a una decantación máxima de este proceso de depuración.

En la actual exposición de pinturas recientes en la Galería Juana Mordó observamos, sin embargo, una curiosa inflexión. Hay indudablemente una continuidad en la investigación de las combinaciones posibles de espacio, luz y color e incluso una reducción de las figuras al círculo, la línea y el rectángulo, pero, junto a ello, aparece una voluntad renovada en incrementar la importancia de la densidad pictórica. Así esas figuras geométricas, ese juego de líneas, cobran un relieve pictórico y no puramente espacial.

Francisco Calvo Serraller
Revista Batik, Nº 55, Barcelona, mayo de 1980



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