En el complejo marco de la abstracción geométrica en nuestro país, tal vez sea el nombre de Salvador Victoria la figura más representativa. La coherencia en una línea de investigación, la búsqueda de formas –con predilección por las circulares y ovales-, la cada vez más rutilante impecabilidad en sus concepciones, ha venido a dar lugar a la aportación de unos productos artísticos de amplísima profundidad espacial en la que el espectador pronto queda inmerso.
Hay además dos puntos a tener en cuenta en este catálogo de elementos con los que Victoria abre cauces a su ámbito plástico: el color y la textura. En el primero, y a partir de unas combinaciones cromáticas puras, llega a una dimensión de delicado lirismo. Y en cuanto a lo segundo, es capaz de la consecución más sorpresiva en cuanto a las calidades táctiles de que sabe dotar estas composiciones. Capítulo aparte merece su serie de collages y composiciones en cartón y papel cuyos materiales, en un habilísimo y pensado proceso constructivo, reproducen fielmente y, en ocasiones acentúa, su pensamiento plástico.
Ahora bien ¿cómo se produce la llegada de Salvador Victoria a este lenguaje y a estos objetivos estéticos?. ¿Qué es lo que posibilita su alejamiento de la figuración y le estimula hacia reflexiones más válidamente universalistas?. La intelectualizada transición, el largo camino recorrido hasta estas conclusiones, nos lo desvela el propio artista: “...Sentí la abstracción como un camino de pureza dentro de la plástica y no sé si fue una postura excesivamente fuerte, pero la he mantenido. Rompí con toda la figuración porque me parecía que el camino se abría hacia la abstracción, ya que la figuración había dado de sí casi todo. Esto lo sigo manteniendo hoy. Hay un camino con muchísimas posibilidades dentro de la abstracción y la figuración no es más que un encontrarse continuamente a sí mismo, reiterando una serie de fórmulas...”
No obstante, y tanto en su etapa figurativa como después, en la ruptura informalista, se advierte en la obra de Salvador Victoria un trasfondo que en cierto modo denuncia su condición de aragonés, una constante de soterrado surrealismo -como en todo creador de esa tierra- expresado en un espacialismo no exento de aliento poético. Y siempre una meticulosidad en el acabado, un equilibrio de fuerzas entre lo estático y un dinamismo esencial que se trasluce en una especie de formas planetarias y en un cromatismo de delicados y líricos acentos desde su impecable y armoniosa consecución final.
Más recientemente Salvador Victoria ha sabido combinar con esos elementos ya usuales y clásicos de su arte, en cuanto a formas curvas y circulares, la utilización de soluciones en las que la recta adquiere especial intencionalidad.
José Luis Morales y Marín
Catálogo de la exposición colectiva Ruedo Ibérico.
Centro Cultural de la Villa de Madrid, pp. 43-44. |